La procesión de las Tres Caídas, iba encabezada por los soldados romanos, a caballo, seguido de soldados a pie, custodiando a Jesús, para salir al boulevard Díaz Ordaz, hasta Torres Landa, para continuar hacia avenida Guerrero hasta llegar a Revolución y continuar hasta Ramón Barreto de Tábora, avenida Juárez, Álvaro Obregón, hasta Díaz Ordaz, para regresar a Santos Degollado al atrio de la iglesia.
Impresionante fue la representación de las “mujeres piadosas”, que a la altura de la avenida Álvaro Obregón, frente al Teatro de la Ciudad, rompieron el cerco de soldados romanos, para caer a los pies de Jesús, pidiéndole perdón por sus pecados, para después, de una manera violenta, que asombró a todos los espectadores, las mujeres fueron retiradas, hacia un lado del camino, para continuar el andar de Jesús, con su cruz de los pecados del mundo.
Este viernes 14 de abril se conmemoró, de acuerdo a la fe católica, la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz, es el día que Jesús entregó su cuerpo y derramó su sangre para salvar del pecado a la humanidad.
Inmediatamente después de la decisión de Pilato, Jesús fue despojado de sus prendas, golpeado y agredido con piedras y latigazos.
Luego se le colocó una corona de espinas en la cabeza y le hicieron cargar con su propia cruz hasta el monte Gólgota, a las afueras de Jerusalén, lugar donde fue crucificado junto a otros dos ladrones y bajo un cartel que decía, “Jesús el Nazareno, Rey de los Judíos”.
ESCENIFICACIÓN DE LA CRUCIFIXIÓN EN IRAPUATO
Bajo el rayo del sol, fieles y actores de esta representación, permanecieron en la explanada de la Plaza del Comercio, presenciando cómo colocaban en sus respectivas cruces a los dos ladrones y los levantaban, para posteriormente hacer lo mismo, con la persona que representó a Jesús, despojándole de sus vestimentas.
Impresionó a todos los presentes, en el acto de crucifixión, en el área de estacionamiento de la Plaza del Comercio, la actuación de quien personificó a la Magdalena, quien corrió hacia Cristo crucificado, emitiendo gritos de dolor y caer de rodillas a sus pies, para luego entrar en escena la representación de la Virgen María.
Ante la mirada de cientos de personas congregadas en esta plaza, cada uno de los actores desempeñaron sus papeles, los soldados romanos se jugaban las prendas de Jesús, para después ofrecerle vinagre a Jesús, que clamaba por agua, ante el quemante sol,los sacerdotes de aquellos tiempos, simplemente observaban la crucifixión, las mujeres piadosas no paraban de lamentar lo que estaban presenciando.
Tras la lectura de las sagrades escrituras, que dan fe de estos hechos, se escucharon las últimas palabras de Jesús, al expresar: “Padre, en tus manos, encomiendo mi espíritu”.
En este día los fieles seguidores, no comen carne y guardan ayuno, por lo que el comercio se encuentra preparado para ofrecer las alternativas alimenticias de costumbre, e incluso algunos comerciantes ambulantes se apostaron a las orillas de las calles, por donde transcurrió la procesión de las Tres Caídas.