Por: Gerardo Piedra

“¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!”
Charles Dickens

Estamos en días navideños, con todo lo que ello significa y les rodea, las imprescindibles posadas mexicanas, los nacimientos, las pastorelas y, desde luego, la gran comercialización que acompaña a esta temporada.

Pareciera que sin el voraz consumismo que prevalece en esta época la navidad no podría estar completa, sin embargo, ella va mucho más allá de la compra de regalos y adornos. La palabra “navidad” deriva del latín nativitas que quiere decir “nacimiento”, y es que precisamente el 25 de diciembre de cada año se festeja la llegada al mundo del niño Jesús, quien moriría crucificado años más tarde. A partir de los acontecimientos ocurridos alrededor de la vida, muerte y resurrección de Jesús, nacería una nueva religión, el cristianismo, una de las más importantes del planeta.

Existe mucha controversia en cuanto a la verdadera fecha de nacimiento de Jesús, pero la que se ha mantenido tradicionalmente es la del 25 de diciembre. La navideña es una época de introspección, y no porque no haya que reflexionar en el resto del año, pero siendo los últimos días de éste, es un buen momento para pensar en lo que se ha hecho y en lo que nos falta por recorrer.

No solamente en nuestro país sino en todo el mundo hay muchos problemas a los que es necesario encontrarles una urgente solución, pues a causa de ellos no todas las personas pueden llevar una buena calidad de vida, ya no digamos celebrar la navidad como quisieran. La pobreza, el desempleo, la violencia, son solamente algunas de las serias dificultades que se presentan en gran cantidad de lugares, donde sin importar razas o nacionalidades hacen de esta existencia un verdadero calvario.

Es necesario pensar en la gente que pasa frío o no tiene que llevarse a la boca por falta de recursos económicos, convirtiéndose esta situación en habitual, no únicamente en estos días sino a lo largo de toda la vida. Es momento de meditar en las actitudes que tenemos hacia las demás personas, si son las correctas o hay que modificar nuestra conducta en algunos aspectos o completamente, pues generalmente nos gusta ir por la vida creyendo que nosotros estamos bien y los demás equivocados.

Se va un año y llega otro, un 2017 cargado de retos, personales, familiares o como nación. Cada uno de nosotros debemos aportar algo con la mejor voluntad, para hacer el nuevo año mejor que el anterior.
La temporada navideña nos trae muchos recuerdos y es un punto de encuentro para las familias, pero principalmente no debemos olvidar que nos evoca el nacimiento de Jesús. Antes de toda la mercadotecnia que rodea a estas fechas hay que tener en mente la esencia real de la navidad y el mensaje de paz que conlleva.