Difícilmente podemos imaginar una actividad humana, en nuestra sociedad moderna, que escape a la influencia de la ciencia y la tecnología, la preparación de alimentos es una de ellas. Desde décadas atrás, el impacto de la ciencia sobre lo que podría llamarse cocina industrial es obvio.

De la mano gastronomía y ciencia

La gastronomía puede mejorar notablemente gracias a la ciencia, que logra responder muchas preguntas que a nivel gastronómico no podrían ser contestadas, efectivamente gastronomía y ciencia son una combinación perfecta. ¿Cuál es el punto óptimo de cocción de un determinado alimento?, ¿cómo sube un soufflé?, ¿cómo se debe cocinar la carne para que quede tierna? o ¿por qué se dice que las claras de huevo batidas a punto de nieve se montan mejor si se baten siempre en el mismo sentido?, estas y otras preguntas son respondidas por la ciencia.

La cocina molecular

¿Pero que puede decirse de nuestras cocinas, es decir, de las cocinas en nuestras casas? Además de todo tipo de utensilios electrónicos, hornos de microondas, etcétera, nuestras cocinas comienzan a recibir la influencia de la llamada “cocina molecular” , también llamada “gastronomía física” o culinología y que no es otra cosa que la aplicación del conocimiento científico al arte de preparar mejores alimentos, más deliciosos y placenteros. La cocina molecular nació en los años 80s impulsada, entre otros, por Hervé This y Nicholas Kurti. El primero, un profesor francés de física-química y el segundo, un físico de la Universidad de Oxford en Inglaterra. La ciencia en la cocina tiene por lo menos tres impactos: el conocimiento empírico que ha sido acumulado por cientos de años en forma de recetas de cocina es susceptible de mejorarse cuando los procesos físicos y químicos involucrados se comprenden mejor, el resultado son los platillos tradicionales pero con sus sabores y aromas intensificados para seducir los paladares más exigentes. Un segundo ya lo comentábamos hace un rato  aspecto es la de brindar explicaciones a porque las cosas son como son, es decir explicar hechos tan conocidos como porque un vaso de agua caliente se congela más rápido que uno de agua fría.

En los pueblos amazónicos en Sudamérica, existe la leyenda de que las mujeres vírgenes que se bañan en los ríos, llegan a resultar embarazadas por una criatura pariente de los delfines llamado “boto color rosa”; en consecuencia, las mujeres no deben acercarse a los ríos. En Europa existió una versión propia que advertía que las mujeres en menstruación no debían ir a los campos de cultivo pues podrían traer mala suerte a las cosechas y para no quedarnos atrás, en México se suele pensar que los tamales no deben ser preparados por mujeres embarazadas porque no saldrán bien. Todos estos mitos pertenecen al folclor y nada tienen de verdad.

La capsaicina

El principio molecular activo del chile es una sustancia llamada capsaicina y que da la inconfundible sensación de picor cuando se ingiere. El contenido de capsaicina es diferente en cada variedad de chiles, por eso unos pican más que otros. El contenido de esta sustancia es tan característico que llegaron a desarrollarse programas de computadora que convertían unidades de picor de un chile a otro como si se estuvieran convirtiendo divisas, así, podíamos saber que un chile habanero es tantas veces más picante que uno de árbol y que este a su vez lo sería de un jalapeño. Curiosamente otras plantas muy usadas en la cocina como saborizantes contienen esta misma sustancia, tal es el caso del orégano y del cilantro.

Las torillas

El aroma tan familiar de las tortillas recién hechas, infladitas… pero… ¿Por qué algunas se inflan y otras no? La tortilla antes de someterse al fuego, es una pasta de masa con alto contenido de agua. Por lo general, la tortilla se expone al calor primero en una sola cara, aquella que está en contacto con el comal. Esa superficie pierde humedad y forma una delgada capa de masa cocida, mientras que el resto de la tortilla comienza a calentarse lentamente. Una vez que la tortilla se voltea, la capa ya cocida queda ahora en la parte superior y el vapor de agua que se va desprendiendo de la tortilla queda atrapado entre la masa no cocida y la superficie cocida que es impermeable, el resultado es que la tortilla se infla como un globo. Basta que la superficie cocida, que debería impedir al vapor escaparse, tenga imperfecciones u orificios para que la tortilla no se infle. También el contenido de agua en la masa es un factor importante, masa seca o demasiado húmeda no producirá tortillas que se inflen. Así como en la masa de la tortilla es fundamental el contenido de agua, también lo es en varios otros ejemplos que nos resultan tan obvios. Un caso típico es el del arroz donde el exceso o escasez de agua tendrá efectos indeseados, en un extremo acabaremos con el típico mazacote de arroz y en el otro tendremos un arroz quemado antes de la cocción. Con las carnes a la parrilla sucede algo parecido. Estamos pensando en la carne asada para el próximo domingo. Imaginamos una carne sabrosa; pero sobre todo jugosa, ¿tendremos éxito con el asador? El secreto de una carne asada y jugosa estará en por lo menos dos factores: el grosor del corte en relación con la temperatura del asador. En general entre más grueso sea el corte, mayor suerte de resultar jugoso; pero hay un segundo aspecto crucial: cuidar que la carne no haya sido congelada con anterioridad. Si ese es el caso, la carne congelada tendrá su estructura fina alterada, debido a que los cristales de hielo al formarse, rompen las paredes celulares pues el agua congelada ocupa mayor volumen que el agua líquida. El resultado inevitable será una carne descongelada con sus tejidos alterados y con menos capacidad para retener agua. Por eso las carnes asadas preparadas con los animales recién sacrificados son insustituibles.

Como ves la aplicación de  la ciencia en la comida no  Es exclusivo de platos vanguardistas o “de autor”. Lo podemos practicar en casa, como realizar unas paletitas de cristales de azúcar, las cuales puedes disfrutar chupándolas o bien para endulzar tú té o café.