Francisco Javier Jiménez, sin querer fungió como cupido para unir a Violeta Mejía Llamas y Eduardo Pérez López, quienes después de tres años de noviazgo, decidieron que era el momento para contraer matrimonio.
Ellos se conocieron en su centro laboral y después de que fueron presentados por Francisco Javier, ya no se separaron y se unieron para toda la vida, totalmente enamorados y convencidos que son el uno para el otro.
Eligieron como marco nupcial la Catedral Basílica y recibieron la bendición de parte del padre Gerardo Alvarado, quien los instó a formar una nueva familia en la sociedad basada en el respeto, la comunicación y el amor.
Para esta ocasión tan especial, Eduardo eligió vestirse de charro al igual que sus mejores amigos y primos, ya que él desde niño tiene un especial apego a esta tradición tan mexicana.
En los reclinatorios principales estuvieron: José Luis Mejía y Alejandra Llamas, papás de Violeta y Rodolfo Pérez Velázquez y Patricia López Hernández, papás de Eduardo. El cortejo lo conformaron Adán Godínez y Adriana Llamas, quienes fungieron como padrinos de velación; Moisés Garcidueñas y Blanca Padilla, de anillos; Jesús Hernández y Marilú García, de arras; Óscar Cholico y Larisa Mejía, de lazo; de ramo, Lupita Pérez; de virgen, Julio López y Guille Hernández; de crucifijo, Karim y Mónica Pérez. De pajecitos fueron: María José y Christian Jiménez, Ivana y Luciana Pérez, María Alejandra e Inés Gómez.
Al término de la misa, se trasladaron a la Exhacienda Ibarrilla donde se ofreció el banquete de bodas para 300 invitados, algunos de ellos provenientes de Guadalajara y Colima.
Hay que destacar que tanto en la misa como en la fiesta estuvo presente un grupo de mariachis, quienes los deleitaron con lo mejor de su repertorio. También hubo un DJ.
Los nuevos esposos disfrutan de su luna de miel en las paradisíacas playas de Cancún, y a su regreso establecerán su residencia en nuestra ciudad.